Versos de amor y de locura
ALGUNAS PALABRAS DE Delfina Acosta
Nadie menos indicado que el propio autor para hablar sobre su obra. ¿Qué puedo yo decir de mis poesías de amor y de locura? Ellas son, finalmente, pobres flores huérfanas; aunque creyeron haber hallado en mi sombra y en mi soledad, madre generosa, cuánto temor se apodera de mi ánimo, cuántos sentimientos confusos me arrastran, si pronuncian mi nombre. Deseo huir de ellas, cuando las veo venir, hambrientas, a mis pies. Suben por mis huesos como hiedras. Bailan en mi alma no sé qué extraños ritmos. Celebran el amor y la maldad de una manera y un modo que no entiendo, pero que a la vez me complace. Quise yo ser una buena mujer, una más del montón de las señoras piadosas, mas heme aquí, con mi evangelio torcido y mi canto convertido en escándalo por su culpa. ¡Por su culpa! Las quiero. Todavía las quiero, sobre todo a la noche. Dicen las palabras que tanto quise decir. Por su vida mi existencia conversa con Dios y con los demonios. Me hacen caer en la tentación de la carne.
Dedico este libro a Fa Claes, poeta, hermano, amigo, maestro
SUCEDE
Sucede que mi carne se deshoja porque ella es desde antes mi enemiga. Morir o envejecer. La tarde quieta, la noche tan callada en mis mejillas, me ocurren. Y me ocurre la penumbra del corazón. De niña no sabía... Me hablaban de muñecas de cristal, de la importancia de las blancas cintas en el cabello verde, o me llevaban al cine. Me contaban las mentiras que a ellas les dijeron, y yo, buena y sana fui instalada en una esquina del tiempo hasta que ahora, a la hora de aquel reloj que marca el mediodía, me digo, finalmente, que en mi rostro el sol se puso ya. Cuán largo día...
APUNTES ESENCIALES a Agnes Azenbosch
Llevo contando el cierzo, el aire, el suelo, la bruma, los geranios y el rocío. Sumo la hierba, el sol, la sombra nueva de la cosecha convertida en trigo. Anoto auroras, tallos, ramas, fuego, crepúsculos, maderos y navíos. Procuro no olvidar ningún silencio, ninguna media voz, ningún testigo. Y ahora sé que aun estoy en falta con tantos mundos. Este es mi libro: un transcurrir del día innumerable, de cuanto se han callado los espinos, para que se dijeran los amantes. Más puede mi palabra que el olvido. Se escriben muchas cosas, pero olvidan el pueblo a media luz, algún ladrido, las sábanas recién desarregladas, aquel amor que nace clandestino.
COCUYOS
Tan sólo los cocuyos para ver tus ojos y esas largas manos tuyas donde mi rostro pongo mientras cae un pronto atardecer que me desnuda. Porque este amor es noche sin su tálamo, y duerme solo, y con su mal se cura, por eso es que te quiero. Yo acomodo este querer sin madre en la pastura. Si un vendaval enreda mis cabellos enfermo de una fiebre que es locura, me quema el rostro la melancolía, y ya me da por muerta un ave oscura. Estando inmóvil, una solitaria estrella baja sobre mi cintura. Y doy a luz a niños cenicientos que a medianoche arropo con la bruma.
GOLONDRINAS
Amado, desenrédame las trenzas. Escucha a las reidoras golondrinas que pueblan mis palabras confesarte mi amor donde gotea la llovizna. En esta tarde con olor a mar tú tocas a mi puerta. El lobo avisa su amor voraz. A mi casona llegas y bebes de mi boca bien servida. ¿Escuchas? ¿Son las olas o los árboles? ¿Ves las gaviotas vueltas dando al día? Mis dedos te recorren pues se atreven. De golpe todo el cielo. Por las vías de un tren nocturno que a los astros parte, yo voy tras una estrella, si me miras. Amado desenrédame las trenzas y cúbreme los senos con tu vida.
EL TIEMPO ES BESO
¿Escuchas cómo caen las estrellas? La rosa en mi costado dio su aroma, su ensangrentado aroma que me viste. Pasaron desde entonces muchas rosas. Y vive aquella flor de mí salida, de mi infectada herida, siempre roja y siempre negra, y llena ya de hormigas. Hay sólo una paloma migratoria del sur volviendo en busca de su norte. Ya nunca más bandadas tan ruidosas ni potros desbocados como ráfagas, ni escarcha titilando entre las rocas, ni el último silencio en la campana. Hay sólo una paloma migratoria. La dicha se deshace como un beso. Y calla la tristeza en una boca.
LA HIERBA ES LARGA
Voy caminando. Van mis plantas sobre el pasto con cristales de violetas. Yo sé que no soy libre, que la culpa de algún delito infame me condena. Está en los viejos libros esa ley por mí quebrada de tan mal manera. Procuro, mientras tanto, no saber sino cuanto a los otros fue a ocurrir: el homicidio y el suicidio al alba, la sangre de este mundo en su escurrir. Jamás fui tan feliz así penando. El hombre y su razón me hacen reír. Apuros, ¿para qué? La hierba es larga y el paso se hace oveja bajo el sol. Mañana es otro día y a horas altas apaga y prende el cielo un nuevo Dios. REMES
Posted at 31.12.09 by ASKAIN
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